PERO… ¿Y TU CONFIANZA?
Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia.
– Probervios 3:5Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley.
– Deuteronomio 29:29
He escuchado a muchas personas decir que leer la Biblia es confuso. Incluso algunos lo dicen casi con resignación: “He intentado leerla, pero no entiendo lo que Dios quiere decirme. Termino frustrado… y más confundido que antes.”
Y siendo honestos, eso puede desanimar.
Si tú has pasado por eso —o estás ahí ahora mismo— este devocional es para ti.
Porque el problema no siempre es que la Biblia sea difícil. Muchas veces el problema es que queremos entenderlo todo. Queremos analizar cada detalle, descifrar cada misterio, encajar cada versículo en nuestra lógica. Pero no todo fue diseñado para ser desmenuzado por la razón humana. Hay cosas que no tienen el propósito de ser completamente comprendidas, sino de ser creídas. No siempre podrás depender de tu propio entendimiento. No siempre tendrás todas las piezas antes de obedecer. Y eso no es un fracaso espiritual. Es una invitación a confiar.
Moisés lo entendió con claridad y se lo explicó al pueblo: hay cosas que permanecen en el secreto de Dios. No todo nos corresponde saberlo. Pero cuando Dios decide revelar Su voluntad, eso ya no es un misterio: es dirección. Y lo revelado no es para analizarlo… es para obedecerlo.
Como el salmista, también nosotros deberíamos orar: “Dame entendimiento, y guardaré tu ley; la cumpliré de todo corazón.” (Salmo 119:34).
No se trata solo de pedir dirección. Se trata de pedir un corazón dispuesto a obedecer cuando esa dirección llegue.
Con demasiada frecuencia queremos entender primero para obedecer después. Y ahí está el peligro. Cuando intentamos descifrar por qué Dios dice algo o por qué permite algo, el primer error es creer que nuestra mente finita puede abarcar la mente infinita de Dios. Quiero hacer énfasis en algo; la lógica humana puede parecer correcta… pero no siempre es obediencia.
La historia de Saúl en 1 Samuel nos lo muestra con claridad. Saúl, el primer rey de Israel, debía esperar al profeta Samuel para ofrecer el sacrificio. Pero el tiempo pasaba, el ejército se inquietaba y el temor comenzó a presionarlo. Perdió la paciencia. Decidió actuar. Ofreció él mismo el sacrificio, algo que no le correspondía. Su razonamiento parecía sensato pues el enemigo estaba cerca, necesitaba el favor de Dios, había que hacer algo. Pero lo que parecía lógico no era obediente.
Cuando Samuel llegó, lo reprendió. Le dijo que había actuado locamente y que su reino no permanecería. El error de Saúl no fue falta de intención espiritual. Fue no esperar. Fue reemplazar la instrucción de Dios por su propio análisis.
Y eso también puede pasarte a nosotros.
A nuestra mente le gusta el orden, la coherencia, las explicaciones. Nos tranquiliza entender. Nos da seguridad sentir que todo encaja. Pero la realidad es que nosotros vemos en partes. Dios ve el panorama completo.
Muchas veces intentamos acomodar las decisiones en pequeños compartimientos mentales y nos decimos dices: “Tiene sentido, entonces debe estar bien”. Pero que algo tenga sentido no significa que provenga del cielo.
El apóstol Pablo expresó algo poderoso en Epístola a los Romanos 9:1 cuando dijo que su conciencia le daba testimonio en el Espíritu Santo. No estaba actuando porque todo fuera perfectamente razonado. Estaba actuando porque había una certeza interna, una convicción profunda.
Partiendo de este punto; es lo que necesitamos;
No una explicación exhaustiva.
No una lógica impecable.
Sino una convicción nacida en el espíritu.
Dependemos de Dios cuando decides esperar Su voz antes de movernos. Cuando elegimos confiar más en Su dirección que en nuestro análisis. Cuando podemos decir: “Mi confianza está en el Señor. Y lo que Él me diga que haga, lo haré”.
Sí, es verdad.. obedecer no siempre será cómodo. Pero siempre será seguro.
Quiero decirte.. hoy tal vez no entiendas todo. Tal vez haya preguntas sin respuesta. Pero si Dios ya habló, eso es suficiente.
Tu parte no es comprenderlo todo.
Tu parte es obedecer con todo el corazón.
SOLAMENTE CONFÍA