EL PENSAMIENTO DEL CORAZÓN

EL PENSAMIENTO DEL CORAZÓN



Había una vez un joven jardinero que heredó un terreno seco y lleno de piedras. Todos lo miraban y decían: “De aquí no saldrá nada”. Pero él no discutía… solo pensaba.

Cada mañana, antes de tocar la tierra, se quedaba en silencio. En su mente no veía sequía, veía un jardín lleno de vida. No veía piedras, veía caminos. No veía abandono, veía propósito.

Un anciano del pueblo, intrigado, le preguntó:
—¿Por qué trabajas tanto en un lugar que parece muerto?
El joven respondió:
—Porque no trabajo desde lo que veo… trabajo desde lo que creo.

Pasaron los meses. Donde antes había polvo, comenzaron a brotar pequeñas hojas. Donde había piedras, surgieron senderos. Y con el tiempo, aquel lugar se convirtió en el jardín más hermoso del pueblo.
Entonces el anciano entendió…
El terreno nunca fue el problema.
El corazón del jardinero era la semilla.

Porque el hombre no se convierte en lo que enfrenta, sino en lo que cultiva dentro de sí.

Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él. 
– Probervios 23:7

Como la historia del jardinero, en lo que nos enfocamos es en lo que nos convertimos. Es una declaración sencilla, pero que, a la luz de la verdad, nos enseña bastante. Donde sea que pongamos nuestra atención, esas cosas se van a desarrollar. Otra forma en la que he visto cómo este pensamiento se desarrolla es: “¡A donde va la mente, el hombre camina!”.

Si comienzo a pensar en algo que deseo, pronto me voy a descubrir caminando en sentido hacia ese algo. Mi pensamiento va a mover mis deseos y mis emociones, y yo voy a tomar la decisión de seguirlos.
Si comenzamos a pensar que no podemos, pronto empezamos a actuar como un grupo que se limita.
Ese pensamiento mueve nuestras emociones, nuestras emociones nuestras decisiones…
y terminamos construyendo juntos la realidad que primero aceptamos en la mente.
¿Cuántas veces enfrentamos situaciones sin darnos cuenta de que las estamos generando por lo que decidimos pensar?

Quiero compartirte algo… Los pensamientos negativos son combustible para el desánimo y, mayormente, son ellos quienes determinarán parte de nuestro futuro.

Los pensamientos son poderosos, no son solamente palabras que fluyen en nuestra mente. Así que es importante que decidamos qué es lo que permitiremos reposar dentro de nuestra mente.

Nuestros pensamientos no son neutrales: siempre nos están llevando a algún lugar. Lo que elegimos pensar moldea nuestras emociones, dirige nuestras decisiones y termina construyendo la vida que vivimos.
Por eso la Biblia insiste en que no dejemos la mente sin gobierno. Cuando alineamos nuestros pensamientos con lo que honra a Dios, encontramos vida y paz; pero cuando los soltamos a lo negativo o vacío, el resultado inevitable es desgaste y daño.

Dios nos dio una mente poderosa, diseñada para formar quiénes somos. Pero también nos dio una responsabilidad: llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia de Cristo. (2 Corintios 10:5) Es una batalla real, diaria y silenciosa. Porque al final, no vence lo que pasa afuera, sino que vence lo que está dentro de cada uno.

Te dejo unos pasos para mantener una mente enfocada en Cristo:

1. Decide vivir en la Palabra. Es imposible exponerse constantemente a las Escrituras sin que el corazón sea dirigido una y otra vez hacia Cristo. Como Él mismo afirmó, toda la Escritura apunta a Él (Juan 5:39). Enfocarse en la Palabra es, inevitablemente, enfocarse en el Hijo.

2. Cultiva una vida de oración. Si quieres aprender a orar, mira cómo Jesús enseñó a Sus discípulos.(Lucas 11:1-13)  Hablar con Dios a lo largo del día te mantiene conectado con Él (1 Tesalonicenses 5:17).  En lo pequeño y en lo grande, todo puede llevarse delante del Señor. El llamado es claro: vivir en una actitud continua de oración.

3. Confía en el Señor como tu único resguardo. Cuando entendemos los peligros espirituales que enfrentamos cada día, nuestros ojos se vuelven a Él (Salmo 25:15). Solo Cristo tiene el poder de sostenernos y librarnos; por eso, depender de Él no es una opción, es una necesidad.

Helen Lemmel en su himno: «Dirige tus ojos a Jesús, / mira fijamente Su maravilloso rostro, / y las cosas de la tierra se volverán extrañamente borrosas / a la luz de Su gloria y gracia».


¡Que Dios te sorprenda en este nuevo mes!


 

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